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Uno de los temas que más preguntas genera en las familias desde los grupos de intervención y los talleres, es la depresión post-parto. Aunque existe cada vez más información al respecto y es una linea de investigación muy clara en la actualidad, es cierto que la mayoría de publicaciones se encuentran enfocadas al tratamiento y no a la prevención o promoción de la salud en esta área tan necesaria.

Para la mayoría de mujeres adaptarse a la llegada del bebé es un proceso gradual que comienza durante el embarazo y que depende en gran medida de la historia vital, la relación de pareja (si la hay), la historia del embarazo y los recursos sociales y económicos disponibles. El post-parto se presenta entonces como un catalizador de la situación previa, a la vez que confronta con la enorme responsabilidad y el cansancio de cuidar a un recién nacido. Es normal durante esos primeros días presentar sentimientos que van desde la alegría inmensa hasta la tristeza, los cuales pueden verse reforzados por el apoyo y sostén emocional percibido y por la experiencia del parto.

En algunos casos estos sentimientos de tristeza, sensibilidad o irritabilidad provocados por la adaptación, la falta de sueño y los cambios hormonales, pueden durar más de un par de semanas, cronificarse o incluso aparecer algunos meses después del parto; sería entonces oportuno reconocer los síntomas y hacerse cargo de ellos sin miedo, consultando con profesional formado, en este caso un/una psicólogo/a perinatal. Dentro de los factores de vulnerabilidad más probables (biológicos y sociales) se pueden encontrar:

  • Un historial previo de trastornos del estado de ánimo
  • Altos niveles de estrés psicosocial
  • Bajo ajuste de pareja o a nivel familiar con la llegada del bebé
  • Falta de apoyo y/o soledad
  • Escasa red de protección y recursos sociales
  • Violencia de género
  • Falta de recursos económicos
  • Abuso sexual
  • Parto o cesárea traumáticos
  • Bajos niveles de oxitocina

Actualmente no existen estudios concluyentes acerca del desarrollo de la depresión post-parto, sin embargo sí que están reconocidos sus efectos a corto y medio plazo en la salud física y emocional de la madre, en el vínculo y la crianza del bebé y en el sistema familiar.

Si bien los síntomas pueden ser variables es posible encontrar:

  • Llanto, irritación tristeza o ira que no desaparecen
  • Ansiedad
  • Cambios drásticos en las rutinas de sueño y alimentación que no obedecen a la dinámica del bebé
  • Sentimientos de inutilidad
  • Dificultad en la vinculación con el bebé
  • Preocupación excesiva por el estado de salud del bebé

Aunque la prevalencia de la depresión post-parto es alta, la mayoría de los casos cursan sin detección, diagnóstico o tratamiento por parte de los profesionales. Es conveniente resaltar que la búsqueda pronta de ayuda y la atención psicoterapéutica especializada, puede implicar una clara diferencia en la salud y el bienestar de la madre y el bebé. El abordaje más común es la psicoterapia, que puede venir o no acompañada de tratamiento farmacológico compatible con la lactancia materna. Sin embargo, existen otros recursos que combinados con la psicoterapia pueden resultar valiosos, como los grupos madre-madre y las clases de masaje infantil; estas últimas de demostrada influencia en la mejora de los síntomas clínicos y en la relación madre-bebé.

En los últimos años y gracias a un esfuerzo importante de los profesionales en la divulgación y sensibilización social, se han planteado algunas alternativas de carácter preventivo. La más conocida, es la implantación de protocolos de detección desde la consulta de matrona. No obstante considero necesario un cambio de paradigma, un planteamiento desde la perspectiva de la promoción de la salud y la prevención primaria, “debemos ser creativos en la intervención”  decía un profesional que tuve la oportunidad de escuchar hace poco y con el que estoy totalmente de acuerdo.

Intervenciones desde el embarazo que refuercen los recursos de protección de cada madre, de cada pareja y de cada familia, son un primer paso. Al mismo tiempo, es necesario apoyar a las parejas en la búsqueda de información de los procesos del embarazo, parto y primera crianza, en la redacción de planes de parto informados y promover en primera instancia los partos fisiológicos. Como se conoce desde hace algunos años, existe una relación importante entre los protocolos de inducción con oxitocina y las cesáreas programadas, con los síntomas de depresión post-parto.

Por último recordar que los mayores dispositivos de salud mental perinatal son en primer lugar el empoderamiento de la mujer durante todo el proceso ligado a la salud sexual y reproductiva, el fortalecimiento de la relación de pareja y la red de apoyo social. “Para criar un niño hace falta una tribu entera” dice el proverbio africano.