Algunos mitos acerca de la depresión postparto

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Imagen: Ben Blennerhassett

Hace algunas semanas tuve la oportunidad de leer un post de Robyn Stein Deluca que recibía este mismo título. En él hablaba sobre algunas creencias erróneas que circulan acerca de los trastornos del estado de ánimo durante el puerperio. Me resultó ciertamente interesante ya que varios de esos mitos, he tenido la oportunidad de escucharlos en la consulta, en los talleres para familias, de otros profesionales y de gente de mi entorno cercano. Si bien es necesario aumentar el conocimiento y la sensibilidad social respecto a estos temas, es imprescindible recordar que no toda la información que circula especialmente por internet es confiable o válida. Así pues este post pretende recoger algunos mitos en los que coincido con la Dra. deLuca.

Aunque la depresión durante el periodo perinatal no es un tema nuevo, su definición y tratamiento aún siguen siendo controvertidos. Si bien están identificados algunos factores de vulnerabilidad de los que ya hablamos en este post; es necesario que tanto los profesionales que están en contacto con las madres, como la pareja y la familia puedan escuchar y observar, diferenciar el proceso de adaptación a la llegada del bebé de las señales de que algo no va bien.

Los primeros días posteriores al parto puede presentarse cierta sensibilidad emocional, llanto, irritabilidad; este es un proceso adaptativo no clínico que se resuelve con el paso de los días. Algunos profesionales denominan este periodo como baby blues, sin embargo esta es una definición cada vez más discutida. El motivo principal es su escasa presencia en culturas protectoras de la maternidad (por ejemplo algunas culturas rurales latinoamericanas o africanas). Este hecho lleva a prestar especial atención al papel fundamental del acompañamiento, la empatía y el apoyo de la pareja y la red social, durante todo el periodo perinatal y en especial durante los primeros días  del postparto. Afirmar que estos cambios emocionales son “culpa de las hormonas” (frase que escucho muy a menudo), es bastante discutible. Si bien es cierto que las variaciones neuroendocrinas durante el embarazo, el parto y el postparto pueden considerarse como un factor de riesgo biológico; no son decisivas, ni “predestinan” al sentimiento de tristeza, soledad, cansancio y/o angustia, que puede sentir una mujer durante los primeros días del puerperio.

Esta premisa se cumple también en el caso de la depresión; ya que aunque se ha descrito de forma sistemática el factor de riesgo biológico, la investigación actual detalla otros factores relevantes como el bajo nivel de vitamina Dla susceptibilidad genética y epigenética, los antecedentes previos de depresión y diferentes factores de personalidad, historia vital o entorno socio-cultural. Estaríamos hablando en la mayoría de los casos entonces, de un resultado multicausal y esto es fundamental, porque las hormonas han sido históricamente culpadas de todo tipo de diagnósticos patológicos con un importante sesgo de género.

Otro mito importante es que la depresión postparto no puede ser prevenida. Considero que el papel de los profesionales en la intervención en prevención primaria y en promoción de la salud, adquiere aquí un papel relevante. Creo en la responsabilidad multidisciplinar de informar y acompañar las decisiones de la madre durante todo el embarazo, el parto y el postparto; en la necesidad de una educación real en salud reproductiva para nuestros jóvenes; en la inversión política en programas de intervención multidisciplinar con un enfoque multicultural. Estos deberían contemplar la maternidad como un proceso de crecimiento y empoderamiento de la mujer. Al mismo nivel nuestra sociedad debe generar un cambio; somos responsables de la protección a la  madre en este periodo vulnerable, debemos reconocer su nuevo papel y elevar su estatus, como aún se contempla en algunas sociedades no industrializadas.

Más mitos; la lactancia materna está involucrada en el desarrollo de la depresión postparto. Esta en especial es una conclusión errónea y muy perjudicial, de hecho no hay evidencia empírica que sujete esta afirmación; originada (posiblemente) en el “estrés” que puede producir el amamantamiento en algunas mujeres. En todo caso estaríamos hablando de la falta de información y apoyo relacionados con la LM y esto es un tema muy diferente. Los datos de investigación de los últimos años indican que la LM no sólo es un factor de protección importante frente a la depresión postparto, sino que en el caso de la presencia de síntomas, puede fomentar la recuperación. El motivo principal es la regulación de la secreción de oxitocina; ésta aumenta el estado de bienestar de la madre, a la vez que favorece el vínculo con el bebé (Phillips, 2013). Así mismo, la LM está involucrada en la regulación de ciertos compuestos relacionados con la vitamina A, implicados en diferentes trastornos del estado anímico (Mawson y Xueyuan, 2013). La LM fomenta además, el contacto visual y táctil con el bebé (piel con piel) y conductas como observar y reconocer su cuerpo; éstas reducen la presencia de estrés y ansiedad en la interacción diaria.

Relacionado con este mito nos encontramos el “consejo” del destete por indicación médica o psicológica. Esta indicación terapéutica tiene sus bases en la escasa formación en lactancia y/o psicología perinatal de algunos profesionales. Actualmente existen tratamientos farmacológicos perfectamente compatibles con la lactancia materna; en el contexto español una buena base de búsqueda es la web e-lactancia. Por otra parte es imprescindible recordar que la indicación del destete puede ser nociva:  para la madre, colocándola en una situación de duelo y gran vulnerabilidad emocional y para el bebé, debido a la interferencia con los conocidos beneficios de la LM en el desarrollo cognitivo y emocional. Podéis encontrar más información sobre LM y salud mental materna en este otro post.

Finalmente señalar que la depresión postparto es un hecho que afecta al sistema familiar, no es un “problema” de la mujer. Si observamos con detenimiento la necesidad de cuidado, apoyo y sostén durante un periodo de tanta vulnerabilidad como el puerperio; una conclusión sencilla es que tanto la pareja como el sistema familiar y social, tienen un papel en la protección de la salud física y emocional de la madre. Igualmente, ante las primeras señales de que algo no podría ir bien, este sistema que protege debe informarse adecuadamente, escuchar, observar y facilitar a la madre la búsqueda de ayuda, si ésta es necesaria.

Referencias

Bell, A. F., Carter, C. S., Steer, C. D., Golding, J., Davis, J. M., Steffen, A. D., . . . Connelly, J. J. (2015). Interaction between oxytocin receptor DNA methylation and genotype is associated with risk of postpartum depression in women without depression in pregnancy. Frontiers in Genetics, 6, 243. doi:10.3389/fgene.2015.00243 [doi]

Kendall-Tackett, K. (2010). Night‐time breastfeeding and maternal mental health. Plano, TX: Hale Publishing.Retrieved from Www.Ibreastfeeding.com/content/newsletter/nighttime-Breastfeeding-and-Maternal-Mental-Health,

Mawson, A. R., & Xueyuan, W. (2013). Breastfeeding, retinoids, and postpartum depression: A new theory. Journal of Affective Disorders, 150(3), 1129-1135.

Pereira, C. M. F., Chaves, C. M. B., Nelas, P. A. B., Amaral, O. P., Parreira, V. C., Duarte, J. C., & Cabral, L. R. (2017). The evidence-based practice: Breastfeeding as a preventive factor for postpartum depression. Computer Supported Qualitative Research, , 121.

Phillips, R. (2013). The sacred hour: Uninterrupted skin-to-skin contact immediately after birth. Newborn and Infant Nursing Reviews, 13(2), 67-72.

Robinson, M., Whitehouse, A. J., Newnham, J. P., Gorman, S., Jacoby, P., Holt, B. J., . . . Hart, P. H. (2014). Low maternal serum vitamin D during pregnancy and the risk for postpartum depression symptoms. Archives of Women’s Mental Health, 17(3), 213-219.

Tratamientos nutricionales y baby blues

Desperate Sad Mourning Tears Woman Depression Cry

Nuevos datos de investigación señalan que la ingesta de dos suplementos dietéticos durante el post-parto que incluyen triptófano, tirosina y extracto de arándanos (como antioxidante); podrían minimizar los síntomas de baby blues y reducir significativamente la vulnerabilidad a la depresión post-parto.

Este es un estudio pionero en contemplar los tratamientos nutricionales con base neurobiológica, en la salud mental perinatal de las madres. Según uno de los autores que firman la investigación, los suplementos fueron cuidadosamente seleccionados para compensar un aumento en la proteína cerebral MAO-A. Este aumento se relaciona con los síntomas de tristeza del post-parto temprano.

Los suplementos diseñados se tomaron en una pauta de tres días comenzando por el tercer día del post-parto; posteriormente en el día cinco, las mujeres se sometían a una batería de pruebas para evaluar su estado anímico. Los resultados señalan una diferencia importante respecto al grupo control, cuyas mujeres señalaban un aumento en los síntomas de tristeza y depresión. Aquí podéis acceder a la nota de prensa sobre el estudio

Acerca de la depresión postparto

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Uno de los temas que más preguntas genera en las familias desde los grupos de intervención y los talleres, es la depresión post-parto. Aunque existe cada vez más información al respecto y es una linea de investigación muy clara en la actualidad, es cierto que la mayoría de publicaciones se encuentran enfocadas al tratamiento y no a la prevención o promoción de la salud en esta área tan necesaria.

Para la mayoría de mujeres adaptarse a la llegada del bebé es un proceso gradual que comienza durante el embarazo y que depende en gran medida de la historia vital, la relación de pareja (si la hay), la historia del embarazo y los recursos sociales y económicos disponibles. El post-parto se presenta entonces como un catalizador de la situación previa, a la vez que confronta con la enorme responsabilidad y el cansancio de cuidar a un recién nacido. Es normal durante esos primeros días presentar sentimientos que van desde la alegría inmensa hasta la tristeza, los cuales pueden verse reforzados por el apoyo y sostén emocional percibido y por la experiencia del parto.

En algunos casos estos sentimientos de tristeza, sensibilidad o irritabilidad provocados por la adaptación, la falta de sueño y los cambios hormonales, pueden durar más de un par de semanas, cronificarse o incluso aparecer algunos meses después del parto; sería entonces oportuno reconocer los síntomas y hacerse cargo de ellos sin miedo, consultando con profesional formado, en este caso un/una psicólogo/a perinatal. Dentro de los factores de vulnerabilidad más probables (biológicos y sociales) se pueden encontrar:

  • Un historial previo de trastornos del estado de ánimo
  • Altos niveles de estrés psicosocial
  • Bajo ajuste de pareja o a nivel familiar con la llegada del bebé
  • Falta de apoyo y/o soledad
  • Escasa red de protección y recursos sociales
  • Violencia de género
  • Falta de recursos económicos
  • Abuso sexual
  • Parto o cesárea traumáticos
  • Bajos niveles de oxitocina

Actualmente no existen estudios concluyentes acerca del desarrollo de la depresión post-parto, sin embargo sí que están reconocidos sus efectos a corto y medio plazo en la salud física y emocional de la madre, en el vínculo y la crianza del bebé y en el sistema familiar.

Si bien los síntomas pueden ser variables es posible encontrar:

  • Llanto, irritación tristeza o ira que no desaparecen
  • Ansiedad
  • Cambios drásticos en las rutinas de sueño y alimentación que no obedecen a la dinámica del bebé
  • Sentimientos de inutilidad
  • Dificultad en la vinculación con el bebé
  • Preocupación excesiva por el estado de salud del bebé

Aunque la prevalencia de la depresión post-parto es alta, la mayoría de los casos cursan sin detección, diagnóstico o tratamiento por parte de los profesionales. Es conveniente resaltar que la búsqueda pronta de ayuda y la atención psicoterapéutica especializada, puede implicar una clara diferencia en la salud y el bienestar de la madre y el bebé. El abordaje más común es la psicoterapia, que puede venir o no acompañada de tratamiento farmacológico compatible con la lactancia materna. Sin embargo, existen otros recursos que combinados con la psicoterapia pueden resultar valiosos, como los grupos madre-madre y las clases de masaje infantil; estas últimas de demostrada influencia en la mejora de los síntomas clínicos y en la relación madre-bebé.

En los últimos años y gracias a un esfuerzo importante de los profesionales en la divulgación y sensibilización social, se han planteado algunas alternativas de carácter preventivo. La más conocida, es la implantación de protocolos de detección desde la consulta de matrona. No obstante considero necesario un cambio de paradigma, un planteamiento desde la perspectiva de la promoción de la salud y la prevención primaria, “debemos ser creativos en la intervención”  decía un profesional que tuve la oportunidad de escuchar hace poco y con el que estoy totalmente de acuerdo.

Intervenciones desde el embarazo que refuercen los recursos de protección de cada madre, de cada pareja y de cada familia, son un primer paso. Al mismo tiempo, es necesario apoyar a las parejas en la búsqueda de información de los procesos del embarazo, parto y primera crianza, en la redacción de planes de parto informados y promover en primera instancia los partos fisiológicos. Como se conoce desde hace algunos años, existe una relación importante entre los protocolos de inducción con oxitocina y las cesáreas programadas, con los síntomas de depresión post-parto.

Por último recordar que los mayores dispositivos de salud mental perinatal son en primer lugar el empoderamiento de la mujer durante todo el proceso ligado a la salud sexual y reproductiva, el fortalecimiento de la relación de pareja y la red de apoyo social. “Para criar un niño hace falta una tribu entera” dice el proverbio africano.

Neurología y depresión postparto

Nuevo estudio señala las importantes diferencias entre la depresión postparto y otros trastornos depresivos mayores. Las resonancias magnéticas indican hipoactivación de la amígdala en los casos de depresión postparto, en contraste a la hiperactivación que suele presentarse en mujeres con ansiedad o depresión y que no han dado a luz. Estos hallazgos sugieren la necesidad de mayor investigación y cambios en el tratamiento y las clasificaciones diagnósticas actuales. Aquí el enlace del medio que hace divulgación de la investigación y aquí la investigación original.